Su tono fue lento, pero firme y sin tartamudeos. Todos los presentes quedaron petrificados, mirándola con absoluta incredulidad. No podían entender por qué había cambiado repentinamente su versión.
—Señorita Gibson, no tenga miedo —intervino Dereck con voz helada—. Nadie aquí se atreverá a amenazarla. Diga la verdad y le prometo que estará a salvo, junto a su familia. —Luego fulminó a Marcus con la mirada—. ¿Tienes las agallas de recurrir al chantaje ahora?
—No la chantajeé —respondió Marcus co