Marcus solía ser un hombre serio y reservado. Por eso, escucharle hablar así, con tanta dulzura, resultaba realmente tierno.
Rubí no pudo evitar bajar la cabeza y reír entre dientes:
-Todavía no tiene ni latido. Aunque digas tantas cosas, ¿crees que puede escucharte?
Marcus levantó la cabeza, la miró con una expresión más seria y respondió:
-Quizás el bebé no pueda escucharme... pero mamá sí puede. Si tú estás de buen humor, el bebé también lo sentirá. Eso es lo más importante.
Rubí lo miró de