-Por supuesto. Puede intentarlo. No se ponga nerviosa. Yo estoy aquí, la ayudaré -dijo la enfermera con una voz tan reconfortante como cálida.
Con la guía paciente de la mujer, Rubí ajustó sus brazos. Lentamente, colocó a la bebé sobre su muslo, como le indicaron.
La pequeña se movió apenas un poco, emitiendo un suave quejido. Rubí se congeló al instante.
-¡Dios mío! ¡Se está moviendo! ¿Y si se cae?
Todos los presentes rieron suavemente al ver su reacción.
Sabrina se llevó una mano al pecho, co