En ese momento, una mano cálida le rozó el brazo.
-Rubí, no tengas miedo. Estoy aquí -dijo una voz suave y conocida.
Era Marcus.
Reconoció su voz de inmediato. Luego, sintió cómo él le tomaba la mano con fuerza. Sus palmas cálidas le ofrecieron un poco de consuelo. Incluso creyó escuchar una ligera risa nerviosa... una risa que intentaba tranquilizarla.
Rubí sintió alivio. Si Marcus estaba allí, entonces tal vez todo estaría bien. Pero el miedo seguía presente.
-Maridito, ¿estás aquí? ¿Dónde es