Rubí sonrió con felicidad.
-Por supuesto, mamá. No te preocupes más. Me cuidaré bien, para que no tengas que estar tan estresada nunca más.
Sus palabras hicieron que Sabrina se sintiera aún más emocionada. Asintiendo, dijo con ternura:
-Sí, cariño. Eso me alegrará el corazón. Apúrense y tomen el antídoto. Iré a tu casa en un rato.
-¿De verdad vendrás? -preguntó Rubí, sorprendida.
-Sí. Voy a contarle a tu padre la buena noticia, y luego pasaremos con Leonardo. Cuídate mucho, Rubí.
Escuchar esas