Valeria se había retirado a la habitación, incapaz de sacudirse las palabras de Doris. Se sentó en la cama, con la cabeza llena de un tantas de emociones. Intentó reprimir la marea: ¿Realmente estaba enamorada de Alexander? ¿De verdad sentía algo poderoso por ese hombre que no había sido más que un dolor de cabeza en su vida? Sacudió la cabeza con violencia, negándose a permitir que esos pensamientos la invadieran. No podía aceptar sentir afecto por un hombre que había sido frío y calculador.