El sol del nuevo día se coló por la ventana, hiriendo los ojos de Alexander. El hombre dio un respingo, incorporándose con un gemido. Sentía un terrible dolor de cabeza, como si le hubieran golpeado. Estaba en un lugar que no reconocía de inmediato; un sofá incómodo. La ropa que llevaba puesta estaba arrugada.
De repente, ahí estaba ella. Brenda se asomó desde la cocina con una sonrisa exageradamente dulce.
—Señor Alexander, ¡qué bueno que ya despertó!
Alexander se sintió completamente aturdid