La mañana de la cita con la doctora llegó cargada de nerviosismo. Alexander, que había reorganizado su agenda sin objeciones, estaba terminando de vestirse. Por su parte, Valeria peinaba su cabello. Se sentía ansiosa y emocionada a partes iguales por saber cómo estaban sus bebés. Con cuatro meses y dos semanas de embarazo, era claro que su vientre estaría más grande. No sabía si podrían decirle el sexo, pero al menos se tranquilizaría si le decían que todo estaba en orden.
—¿Estás lista? —pregu