Alexander asintió desde el otro lado de la línea. Era obvio. Valeria no estaba escapando. Estaba salvando a es mujer, que de seguro era su "madre", de algún aprieto.
Su control se sintió precario, y el deseo de confrontarla se hizo más fuerte.
Valeria miró a su madre, quien tenía una enorme sonrisa en la cara.
—Gracias, hija. Ya sabía que vendrías a mí y que me ayudarías otra vez. Ahora me pregunto cómo has sacado todo este dinero. Además, quiero saber por qué el otro día fui a tu departamen