La noche había caído y la jornada fue agotadora. Leo Romano salió de su agencia inmobiliaria, despidiéndose brevemente de sus empleados. Subió a su auto, sintiendo cada músculo de su cuerpo engarrotado. Condujo por la carretera, absorto en sus pensamientos, sin saber que esa noche su vida tomaría un giro dramático e inesperado.
Y es que, en medio de la conducción, tuvo que frenar en seco. De pronto, una figura salió de la nada y se atravesó en la carretera, justo delante de él.
Leo salió del au