Alexander se obligó a terminar su jornada laboral. Sabía que Valeria estaba en casa de sus padres, y cada hora que pasaba era una victoria para los Beaumont. Tenía que verla. Tenía que conversar con ella, dejar de lado las recriminaciones y enfocarse en lo verdaderamente importante: los bebés.
En la majestuosa sala de los Beaumont, Valeria comía ensalada de frutas con desgano, obligándose a ingerir cada trozo para mantener su salud. Su madre, Diana, se acercó y se sentó a su lado, notando su pa