Alexander, con una furia que lo consumía por dentro, se maldijo a sí mismo al recordar que él mismo había concedido días libres a sus hombres. Por eso, no había seguridad en el piso y, por lo tanto, Valeria se había ido de allí sin problemas. El hombre se volvió como loco, intentando llamar a su guardaespaldas, Michael, pero este no le tomó la llamada. Maldijo una y otra vez, sabiendo que ya no había vuelta atrás, que Valeria se había marchado y no regresaría. E incluso si emprendía una búsqued