La escena sumió a Daniela en el pánico.
Se puso de pie de un salto, ignorando el dolor punzante en el tobillo que sugería que se lo había torcido, y corrió hacia adelante.
Dejándose caer de rodillas a su lado, sus manos temblaron mientras extendía una mano y lo sacudía suavemente.
"A-Adriel..." Su voz se quebró; la incredulidad y el miedo se retorcían juntos en su pecho, dificultándole respirar.
Cuando no obtuvo respuesta, ni siquiera el más mínimo movimiento, su respiración se entrecortó antes