Por un momento, Daniela no pudo moverse.
No era el miedo lo que la mantenía inmóvil, sino algo mucho más desconcertante: la repentina colisión entre la realidad y la imagen que solo había visto de pasada. La mujer que estaba frente a ella ya no era solo una fotografía guardada en una habitación que alguna vez se había sentido como un santuario del pasado.
Estaba aquí.
Viva. Presente. Sonriendo.
Y perfectamente serena.
Los dedos de Daniela se tensaron ligeramente alrededor del pequeño juguete qu