En comparación con el dormitorio de Alejandro, el aire en el dormitorio de Daniela siempre parecía contener ese embriagador aroma de flores silvestres que siempre parecía jugar con la mente de Alejandro cada vez que entraba.
Hoy no habría sido diferente, si no tuviera ya la fuente de ese aroma en sus brazos, observando cómo ella luchaba por evitar que su rostro se sonrojara mientras él abría la puerta de una patada y entraba, dando pasos cuidadosos, lentos y deliberados hacia su cama.
Ella quer