El silencio que siguió después de que la puerta se abriera de golpe fue lo suficientemente espeso como para cortarse con un cuchillo.
Durante un latido, nadie se movió, nadie respiró. Mutuamente atónitos, se quedaron mirando a la figura junto a la puerta.
No había hecho ni dicho nada, pero algo en la forma en que se comportó en ese brevísimo instante congeló a todos.
Sin embargo, desde el umbral, la mirada de Alejandro recorrió el lugar: sábanas desordenadas, un equipo de cámara aún brillando d