Por un momento, el silencio espesa el aire dentro de la oficina.
La confusión parpadea en el rostro del director mientras su mirada pasa de Sebastián, a Daniela y finalmente a Alejandro. En la silla, la compostura de Alejandro se quiebra apenas un poco. La comisura de sus labios se eleva antes de girar la cabeza, ocultando la sonrisa que amenaza con aparecer.
“¿La madre de Sebastián?” repite el director, con incertidumbre en su tono.
Alejandro no dice nada.
Simplemente mira al hombre—tranquilo,