Daniela no sabía cuánto tiempo había estado inconsciente.
Cuando finalmente abrió los ojos, la oscuridad la recibió. Una habitación vasta y desconocida se extendía a su alrededor, débilmente iluminada, con una cama sencilla situada en su centro y sobre esa cama, inmóvil como algún terror nocturno, estaba ella.
Su corazón se saltó un latido doloroso, golpeando violentamente en su pecho cuando volvió a latir.
Se movió, o al menos, lo intentó. Pero su cuerpo la ignoró, negándose a obedecer la orde