VIGGO THORNE
Con pudor, Tanya desvió el rostro. Sus mejillas estaban enrojecidas y aunque tenía sus pechos al alcance de mi boca, yo estaba absorto en su belleza. Era una mujer hermosa. Carne tierna y suave.
Deslicé mi navaja por su vientre mientras jugueteaba con su cuello, dando suaves mordidas que después quería curar con mi lengua, hasta que la hoja de acero se detuvo en sus bragas, que tuvieron el mismo final de su brasier. Con suaves cortes rasgué la tela hasta dejar su cuerpo completame