VANESSA GARDNER
—Conocí a tu padre, me salvó de varias —soltó Iván con una sonrisa mientras me veía comer. Después de sacarme de ese viejo cuarto de azotea, me llevó por ropa nueva y limpia, me dejó remojarme en agua tibia llena de burbujas y pidió tanta comida deliciosa al cuarto de hotel que no pude evitar llorar mientras devoraba como una piraña con meses de ayuno—. Cuando me enteré de que murió, me preocupé por ti. Lamento no haber llegado antes.
Acarició mi cabeza y me encontré con sus oj