Mundo ficciónIniciar sesiónEstrelló el vaso contra la pared tratando de sacar un poco del coraje que tenía.
Estaba hecho una furia por todo lo sucedido. Pero si algo tenía claro es que Leonardo Moretti me pagaría muy caro lo sucedido hoy. La puerta se abrió entrando Isabella y Matteo. —Debes calmarte Lorenzo —Musitó Isabella —. Al menos ya está con nosotros y está a salvo. —¡Voy a matar a ese infeliz! —Debes pensar con cabeza fría hermano —Matteo se acerca —. No podemos actuar solo por rabia. —Me pagará muy caro todo esto, ¡se los juro! —¿Qué te dijo? —Preguntó Isabella —. La manera en que nos veía cuando nos enfrentó me hizo sentirme muy mal. —Esta procesando todo —Respondo exasperado —. Hay que darle su espacio. —Amenazó con irse —Me dice Matteo —. Y la creo capaz hermano. Si había tomado esa decisión la había perdido por completo. No podía retenerla tampoco en contra de su voluntad aunque quisiera. —Hay otra cosa —Dice Isabella —. Mamá y papá quieren saber que tipo de relación tienes con ella. —Es lo de menos. Lo que pase entre Sophie y yo no es tema a debatir. Isabella me sostuvo la mirada durante unos segundos. —Eso no significa que ellos no quieran saberlo. —Pues tendrán que acostumbrarse a no saberlo. —Lorenzo... —No voy a sentarme con mis padres a explicarles qué tengo con Sophie como si tuviera que pedirles permiso. Matteo se dejó caer contra el respaldar del sofá y me observa en silencio. —No se trata de pedir permiso. Se trata de que, después de lo ocurrido hoy, probablemente quieran entender qué está pasando. —Pues que entiendan lo que quieran. Lo último que necesitaba era otra conversación sobre Sophie. Ya tenía suficiente con la que estaba teniendo conmigo mismo. Me pasé una mano por el cabello y caminé hasta la ventana. Amanecería en unas horas. Y Sophie quería irse. Esa idea seguía clavándose en mi cabeza una y otra vez. Podía convencerme de que era lo correcto. Podía decirme que tenía todo el derecho del mundo a marcharse después de descubrir una parte de mi vida que nunca le conté. Pero una cosa era entenderlo y otra muy diferente aceptar que podía perderla. Porque si Sophie se marchaba, ¿qué demonios iba a hacer? No podía obligarla a quedarse y tampoco podía exigirle que me escuchara. Mucho menos después de lo que había ocurrido. —¿Qué vas a hacer? —preguntó Matteo. —No lo sé. La respuesta salió demasiado rápido. Isabella levantó ligeramente las cejas. Supongo que no estaba acostumbrada a escucharme admitir que no tenía un plan. —Tienes que hablar con ella —dijo. —¿Y si no quiere hablar conmigo? —Entonces tendrás que darle tiempo. —¿Y si se va antes? Ninguno respondió. Perfecto. Eso era justamente lo que necesitaba escuchar. Que todos pensábamos lo mismo. Que Sophie podía marcharse antes de que yo pudiera explicarle las cosas. Antes de que pudiera explicarle quién era realmente y por qué había tomado ciertas decisiones. Antes de que pudiera decirle que aunque todo había comenzado de una manera que jamás imaginé, ella había terminado convirtiéndose en algo que no estaba dispuesto a perder. Apreté la mandíbula. Primero tenía que conseguir que me escuchara. Después ya descubriríamos qué quedaba de nosotros. Unos golpes en la puerta interrumpieron mis pensamientos. Los tres volteamos. —Adelante. La puerta se abrió y Elisa apareció en el umbral. —¿No está Noah aquí? La miré confundido. —No. Su expresión cambió. —¿Cómo que no? —No está conmigo. Elisa entró unos pasos. —Pensé que estaba en su habitación. Me incorporé. —¿Por qué? —Porque fui a buscarlo hace un rato y no estaba. Sentí que algo se encendía dentro de mí. —¿Desde cuándo no está? —No lo sé, Lorenzo. Creí que había venido contigo. Miré a Matteo. Él ya se había puesto de pie. —Vamos a buscarlo. Salimos de la habitación. Noah podía ser muchas cosas, pero no era un niño que desapareciera sin avisar. Y después de todo lo que había ocurrido esa noche, no estaba dispuesto a correr ningún riesgo. —Revisen las habitaciones —ordené. Isabella se dirigió hacia el pasillo contrario mientras Matteo bajaba las escaleras con Elisa. Yo fui directamente a la habitación de Noah. Vacía. El baño también estaba vacío. —¡Noah! Nada. Salí nuevamente al pasillo. —¿Está abajo? —pregunté. —¡No! —respondió Matteo desde las escaleras. Maldije por lo bajo. —Revisen el salón. También la cocina. —Ya lo hicimos —respondió Isabella. La vi aparecer al final del pasillo. —No está. Por un instante, el cansancio desapareció. Solo quedó la preocupación. —¿Y afuera? —Tampoco. —Voy a revisar la entrada. Estaba a punto de bajar cuando escuché una voz detrás de mí. —Señor Lorenzo. Me giré. Una de las amas de llave venía caminando hacia nosotros. —¿Qué sucede? —Creo que sé dónde está el niño. Sentí que el cuerpo entero se me tensaba. —¿Dónde? —Lo vi entrar a la habitación de la señorita Sophie hace un rato. Me quedé quieto. —¿A la habitación de Sophie? —Sí, señor. Isabella fue la primera en reaccionar. —¿Y salió? La mujer negó con la cabeza. —No que yo haya visto. Entró y desde entonces no lo he visto salir. Solté el aire lentamente. "Joder" Por supuesto. —Entonces está con Sophie —dijo Matteo. —Eso parece. Isabella se llevó una mano al pecho. —Dios, casi me mata del susto. —A mí también —murmuró Elisa. Yo no dije nada porque de pronto había algo que me tranquilizaba más de lo que quería admitir. Noah estaba bien, estaba con Sophie y de todas las personas de esta casa, probablemente él era el único capaz de acercarse a ella sin que Sophie levantara inmediatamente una muralla. Matteo me miró. Después miró hacia la habitación de Sophie y finalmente volvió a mirarme. —Creo que no tienes de qué preocuparte. —¿Por qué? Sonrió. —Porque si alguien puede convencerla de quedarse, es Noah. Isabella soltó una pequeña risa. —Tiene razón. —No canten victoria todavía. —Vamos, Lorenzo —dijo Matteo—. El niño adora a Sophie y ella a él aunque lleven poco tiempo juntos. Si está ahí dentro, por algo será. Volví a mirar hacia la puerta cerrada al otro lado del pasillo. Sophie quería irse.Eso no había cambiado, pero quizá todavía tenía una oportunidad. Noah podía conseguir algo que yo no había logrado hasta ahora. Que Sophie se quedara. Aunque fuera un día más, aunque solo fuera el tiempo suficiente para que pudiera hablar con ella. Para que pudiera explicarle todo, para que, al menos, tuviera la oportunidad de decidir si después de conocer toda la verdad todavía quería marcharse. —Voy a esperar —dije finalmente. Isabella me miró sorprendida. —¿No vas a entrar? Negué con la cabeza. —No. Por primera vez en toda la noche, sabía que no podía forzar nada. Si Sophie necesitaba espacio, se lo daría. Si necesitaba tiempo, esperaría. Pero si Noah conseguía que se quedara, entonces quizá yo todavía tuviera una oportunidad y por ahora, eso era suficiente...






