Mundo ficciónIniciar sesiónNo parecía el hombre tranquilo que había estado conversando con los invitados minutos atrás.
Su mandíbula estaba tensa. Sus ojos se encontraban clavados en el hombre frente a mi. —Cariño —Me agaché a la altura de Noah —. Ve con tu tía Isabella, tu padre y yo ya vamos. Asintió y se marchó dejándonos a solas. —¿Hay algún problema? —preguntó Lorenzo. Leonardo levantó ligeramente la copa. —Ninguno. —Entonces apártate. El tono de Lorenzo no dejaba demasiado espacio para discutir. Leonardo sonrió. —Solo estaba conversando con la señorita. —Ella ya te dijo que no quería hacerlo. Mi corazón dio un pequeño vuelco.Yo no recordaba haber dicho exactamente eso, pero tampoco iba a contradecirlo. Leonardo miró a Lorenzo y fue entonces cuando lo noté. Aquello no era una conversación entre dos hombres que acababan de conocerse. Había algo más. Algo antiguo. —No sabía que necesitabas hablar por tus invitados, De Luca. Lorenzo dio un paso hacia él. —No necesito hacerlo. El silencio entre ambos se volvió pesado.Yo miré a uno y luego al otro. —¿Se conocen? Ninguno respondió. — Moretti. Él no apartó la mirada de Leonardo. —De Luca. Leonardo pronunció su apellido con una calma que me pareció casi provocadora. —Ha pasado tiempo. —No el suficiente. Sentí un escalofrío. Aquello definitivamente no era normal. —Bueno —intervine rápidamente—. Creo que es hora de regresar a nuestra mesa. Ambos hombres me ignoraron. —No sabía que los De Luca estaban interesados en este tipo de compañías últimamente —comentó Leonardo. Lorenzo finalmente lo miró directamente a los ojos. —Ten cuidado con lo que dices. —¿Es una amenaza? —Tómala como quieras. —Lorenzo. Esta vez dije su nombre con firmeza. Él giró el rostro hacia mí. Tomé su brazo. —Ven conmigo. Sus cejas se elevaron ligeramente. —¿Qué? —Necesito hablar contigo. —Sophie... —Ahora... No esperé su respuesta.Tiré de su brazo y comencé a caminar. Por un segundo, pensé que se resistiría. No lo hizo. Lo arrastré conmigo por el pasillo hasta que estuvimos lo suficientemente lejos. Cuando finalmente me detuve, lo solté. —¿Qué demonios fue eso? Lorenzo me miró. —¿Qué cosa? —Eso. Señalé hacia atrás. —Tú y ese hombre. —No es asunto tuyo. —¿Perdón? —Sophie... —No. No puedes decirme eso después de comportarte como si estuvieras a punto de iniciar una pelea en medio de una gala. —No iba a pelear. —Tu cara decía otra cosa. Una sombra de sonrisa apareció en sus labios. —¿Estabas mirando mi cara? Lo miré incrédula. —No cambies de tema. —No estoy cambiando de tema. —Lorenzo. —¿Ya nos tuteamos? —Me dices o me marcho en este instante. La sonrisa desapareció. Suspiró y se pasó una mano por el cabello. —Leonardo Moretti y yo tenemos asuntos pendientes. —¿Qué clase de asuntos? —Asuntos familiares. —Eso no me dice absolutamente nada. —Es lo único que necesitas saber. Lo observé durante unos segundos. Había algo en su mirada que me decía que estaba ocultando mucho más. Y, por primera vez, comprendí que aquella tensión no había aparecido porque Leonardo hubiera intentado hablar conmigo. Ya existía antes. Quizá mucho antes. —¿Quiénes son los Moretti? Lorenzo se quedó completamente quieto. Y esa reacción fue suficiente para hacerme entender que acababa de tocar un punto que no debía. —Sophie... —No voy a preguntarte otra vez. Sus ojos se clavaron en los míos. —Entonces no preguntes. Lo miré, molesta. —Perfecto. Me giré para marcharme. Su mano sujetó suavemente mi muñeca. Me detuve. —¿A dónde vas? —A buscar a Isabella. —Está con Matteo. —Entonces iré con ellos. —Sophie. Me giré hacia él. —¿Qué? Lorenzo me observó durante un instante. —Gracias. Parpadeé. —¿Por qué? —Por sacarme de ahí. —No lo hice por ti. Una pequeña sonrisa apareció en su rostro. —Claro que no. —Lo hice porque no quería que ustedes dos arruinaran la gala. —Por supuesto. —Deja de hacer eso. —¿Hacer qué? —Esa cara. —¿Qué cara? —La de hombre que cree saberlo todo. Su sonrisa se hizo un poco más evidente. —No sabía que te molestaba tanto. —Me molesta que seas tan... Me quedé callada. —¿Tan qué? —Irritante. —Pensé que ibas a decir atractivo y deseable. Abrí los ojos. —¡Lorenzo! Él soltó una risa baja y por un instante, toda la tensión desapareció. Hasta que miré por encima de su hombro. Leonardo seguía al otro lado del salón. Y estaba observándonos. La sonrisa de Lorenzo desapareció al instante. —Regresemos a la mesa —Musité —. Es lo mejor. —No. Si regreso allá seguiré pensando en Leonardo y las enormes ganas que tengo de matarlo en estos momentos. —¿Qué? No respondió. Me sujetó de la mano y me llevó con el hasta el otro lado del salón llegando a un balcón el cual nos deja ver la ciudad alumbrada. Suspiro al poder respirar aire fresco. Lorenzo se coloca a mi lado colocando sus brazos sobre el barandal del balcón y mira hacia el horizonte. —Tenemos que hablar de lo que pasó entre nosotros Sophie. Suspiro porque tenía razón. No podíamos simplemente hacer como si nada. —No quiero que pienses que me aprovecharé de eso para que las cosas entre nosotros cambien. Tengo claro que eres mi jefe y yo tu empleada. —Sophie, no pienso eso de ti. —¿Entonces qué te inquieta? —Tú —Se gira mirándome fijamente —. Saber que piensas respecto a lo sucedido Sophie. —No lo sé —Me sinceró —. No estaba en mis planes acostarme contigo y mucho menos desarrollar una atracción. Su mirada cae en mis labios, se incorpora acercándose a mi acortando nuestra distancia. —Yo tampoco Sophie. Pero ahora te quiero en mi cama todas las noches. Aquellas palabras son suficientes para sentir mis mejillas ruborizarse y una corriente recorrer mi cuerpo. Su mano acaricia mi mejilla y entonces se acerca uniendo nuestros labios en un cálido beso . Sus labios se movieron sobre los míos con una calma que contrastaba por completo con el hombre que había estado a punto de enfrentarse a Leonardo minutos atrás. No había prisa. Solo aquella cercanía que me hacía olvidar por unos segundos dónde estábamos y todas las razones por las que aquello era una pésima idea. Mi mano terminó apoyándose sobre su pecho. Podía sentir los latidos acelerados bajo la tela de su camisa. Lorenzo se separó apenas unos centímetros, lo suficiente para que nuestras respiraciones se mezclaran. Sus ojos buscaron los míos. —Dime que me detenga. Tragué saliva. Aquella era probablemente la única oportunidad que tenía de recuperar un poco de sensatez. Pero no quería que se detuviera. —No quiero que te detengas. Algo cambió en su mirada. Volvió a besarme y esta vez fui yo quien acortó la distancia que quedaba entre nosotros. Sus manos rodearon mi cintura, atrayéndome hacia él, mientras mis dedos se aferraban ligeramente a la tela de su saco. El mundo pareció reducirse a aquel balcón. A su perfume. A sus labios. A la forma en que me hacía sentir. Hasta que una voz nos hizo separarnos. —Vaya. Abrí los ojos de golpe. Lorenzo giró lentamente la cabeza. Isabella estaba apoyada contra el marco de la puerta del balcón, con los brazos cruzados y una sonrisa que intentaba contener sin demasiado éxito. Sentí que mi rostro ardía. —Isabella... —No, no. Continúen. Yo puedo volver en cinco minutos. —No es lo que crees... Su ceja se arqueó. Miré a Lorenzo.Él tenía una expresión completamente distinta. Tranquila, demasiado tranquila. —Claro que no —respondió Isabella —. Solo estabas besando a mi hermano. —¡Isabella! Ella soltó una carcajada. —Dios, Sophie. Tu cara ahora mismo es adorable. Quise desaparecer. —¿Puedes dejar de burlarte? —Puedo intentarlo. —¿Y bien? —No prometo conseguirlo. Lorenzo dejó escapar una risa baja. Lo miré inmediatamente. —Tú tampoco. —¿Yo qué? —No te rías. —No me estoy riendo. —Estás disfrutando esto. —Muchísimo. Lo fulminé con la mirada. Isabella nos observó a ambos durante unos segundos y, aunque seguía sonriendo, algo en su expresión cambió. —Papá está preguntando por ustedes. La sonrisa de Lorenzo desapareció. —¿Dónde está? —Con Matteo. —¿Leonardo? Isabella negó con la cabeza. —Se marchó hace unos minutos. Lorenzo permaneció en silencio.Pude notar cómo su mandíbula volvía a tensarse. —¿Sucedió algo? —No. Pero Matteo está hablando con papá y, por sus caras, supongo que tiene que ver con los Moretti. Sentí que mi estómago se contrajo. Los Moretti. Otra vez ese apellido. Algo me decía que el problema entre familia era más complejo de lo que parecía a simple vista...






