Capítulo 18 No se va a morir
Leónidas se arrepintió de su tono en cuanto vio la cara de miedo en los niños. El llanto contenido de Sofía y la rigidez de Elías le recordaron, por un segundo, su propia imagen frente a los cuidadores del orfanato. Aquello le dolió más que cualquier pérdida financiera.
— ¡Demonios! —masculló entre dientes, bajando el tono de voz hasta que resultó casi un susurro.
Ajustó su agarre alrededor de la cintura de Ariana, sintiendo su debilidad.
—Lo lamento —dijo Leónidas,