Mía empujó con fuerza a Damien, sus mejillas ardían por la vergüenza y ni siquiera se atrevió a mirar a la persona que había entrado. Solo cuando escuchó que el hombre carraspeaba su garganta fue capaz de levantar la cabeza; se trataba del conserje, que había ido a buscar algunos implementos para limpiar.
—Este no es lugar para… citas románticas —comentó aguantándose la risa.
—Disculpe señor, no volverá a suceder.
—¡Ja! —bufó—, te sorprendería saber cuántas veces al día encuentro parejas aquí e