Victoria miró la madera oscura de la puerta. Estaba a un paso de salvar a su padre, pero también a un paso de perderse a sí misma.
—¿Estás lista? —preguntó Estefany en un susurro, con la mano sobre el hombro de su amiga.
Victoria cerró los ojos, apretó los puños y asintió. Extendió la mano y tocó el timbre. El sonido resonó dentro del lugar, y un momento después, se escucharon pasos aproximándose desde el otro lado.
La puerta se abrió con un clic metálico que resonó en el pecho de Victori