Daniel miró a Victoria. Ella estaba allí, pálida, con los ojos cristalizados por la humillación de ser llamada "profesional de alto nivel" frente a su jefe. Él quitó el altavoz con un movimiento brusco y se alejó unos pasos, pegando el auricular a su oreja.
—¿Sabes que acabas de enviar a una de mis empleadas? —preguntó Daniel, con un tono que advertía consecuencias graves.
El hombre al otro lado soltó una carcajada que Daniel pudo sentir vibrar en el teléfono.
—No lo sabía, pero nunca te