Victoria bajó del taxi y caminó con paso lento, dejando que el aire de la mañana terminara de despejar la bruma de su mente. Al llegar a las rejas de la mansión, se detuvo un momento a observar: la propiedad, aunque herida por las deudas, aún conservaba ese aire de dignidad antigua. Brenda estaba allí, en el jardín, moviéndose con una naturalidad que sugería que ya se sentía parte de ese ecosistema.
—Buenos días —saludó Victoria, acercándose.
Brenda dejó de regar las hortensias y se giró co