Salió de la ducha y se refugió en su cama, pero el sueño se sentía como un lujo inalcanzable. Se tocó los labios con las yemas de los dedos, y de pronto, la imagen del Daniel implacable de Obsidian fue reemplazada por el Daniel de la casa en la montaña. Aquel hombre que se había arremangado la camisa para ayudarla con la cena, el que reía con una suavidad que solo ella conocía, el que parecía estar en paz lejos de los apellidos y las guerras de poder.
Sacudió la cabeza con violencia contra la