Gael se levantó del sillón, con una agilidad que Victoria no le veía desde hacía meses, y caminó hacia ella con una sonrisa nerviosa que le devolvió un poco de color a sus facciones cansadas.
—Lilian, querida —dijo él, usando su nombre verdadero con una suavidad que hizo que Victoria bajara la guardia—, quiero presentarte a alguien muy especial.
Caminaron juntos hacia la mujer, quien ya se había puesto en pie con una gracia natural. Tenía una mirada cálida y una presencia que irradiaba una