El restaurante era un refugio de luces cálidas y música suave, un contraste absoluto con la frialdad de mármol de la mansión que Victoria había abandonado esa mañana. Carlos la guio a una mesa apartada, con esa caballerosidad protectora que siempre lo había caracterizado. En cuanto el camarero se retiró con el pedido, él no perdió un segundo.
—Entonces, "Vicky"... —comenzó Carlos, usando el diminutivo con un tono que mezclaba afecto y una profunda preocupación—. Dime qué está pasando realment