La tensión en el vestíbulo se podía cortar con un cuchillo. El aire se volvió gélido cuando la voz de la matriarca Meléndez resonó desde el fondo del pasillo, cargada de esa autoridad que solo los años y el linaje otorgan.
—Carolina tiene razón, Daniel. ¿Quién es ella?
Victoria sintió que su corazón se detenía. La abuela de Daniel, Adele Meléndez, se acercaba con la mirada fija en ella, escaneándola con una frialdad quirúrgica. Daniel se tensó, sus hombros se endurecieron mientras se giraba