La mañana del lunes en las oficinas de Obsidian Global tenía un peso distinto, casi eléctrico. Victoria cruzó el umbral de su despacho con la puntualidad de un reloj suizo, pero con el alma dividida. No había terminado de acomodarse cuando la puerta se abrió de golpe.
Estefany entró con la energía de un huracán y la mirada de quien no aceptaría un "no" por respuesta.
—Bueno, ya es lunes y prometiste contarme todo —sentenció, cerrando la puerta a sus espaldas para asegurar su privacidad.
V