La opulencia de la mansión Meléndez, con sus pasillos silenciosos y su iluminación tenue, se sentía más que nunca como una prisión para Daniel. Al entrar en su habitación, encontró a Carolina sentada en el sillón, con la postura rígida de quien espera una sentencia de muerte.
—Daniel, ¿qué te dijo la abuela? —preguntó ella en cuanto lo vio cruzar el umbral, con la voz cargada de ansiedad.
Daniel no respondió de inmediato. Se quitó la chaqueta y la arrojó sobre una silla con un gesto de fast