La grava crujió suavemente bajo los zapatos de ambos mientras Daniel guiaba a Victoria con paso firme y pausado a través de los senderos iluminados del recinto. La venda de satén negro cubría por completo sus ojos, y al verse privada de la vista, todo lo demás a su alrededor se había vuelto muchísimo más intenso. Podía percibir con nitidez el aire fresco de la tarde golpeándole el rostro, las notas de una música lejana que flotaba en el ambiente y, por encima de todo, la calidez y firmeza de la