Los primeros minutos después de la sorpresa transcurrieron en una agradable y caótica confusión. Victoria apenas tenía el tiempo necesario para reaccionar o asimilar el entorno cuando una nueva persona se abría paso entre la multitud para acercarse a felicitarla. Fueron momentos repletos de abrazos sinceros, sonrisas abiertas, buenas intenciones expresadas en voz alta e historias compartidas que revivían viejos tiempos. Lo más hermoso de todo fue que, por primera vez en meses, ella no se sintió