El automóvil abandonó las calles principales de Valemont, dejando atrás el asfalto iluminado por los grandes complejos corporativos, y tomó un desvío hacia un camino privado flanqueado por densas hileras de árboles altos. Las ramas estaban meticulosamente decoradas con cientos de pequeñas luces doradas que titilaban bajo la penumbra, creando una atmósfera sacada de un cuento de invierno.
Victoria se inclinó un poco hacia el frente, observando fijamente a través de la ventana.
—Este lugar no