Victoria caminó hacia la salida de la academia con paso firme, sosteniendo la barbilla en alto y sin volver la vista atrás ni una sola vez. Podía sentir a Daniel siguiéndola de cerca, pisándole los talones. No necesitaba girarse para comprobarlo; la silenciosa, imponente y posesiva presencia de su esposo era un factor imposible de ignorar en cualquier espacio. El aire fresco y renovado de la tarde la golpeó de lleno en el rostro apenas cruzó las puertas de metal, dándole un breve respiro tras e