La puerta del departamento se abrió con un clic seco y rotundo.
En la sala, el ambiente se cortaba con un cuchillo. Berenice y Julián estaban sentados en el sofá, aguardando en un vilo que terminó en el instante en que la pareja cruzó el umbral. Ambos levantaron la vista de inmediato, y bastó una sola mirada al semblante de piedra de Daniel y a la barbilla rígida de Victoria para entender que las cosas en la academia no habían salido nada bien.
Julián, arrastrado por su impecable instinto d