Cuando Daniel finalmente salió del baño, el aire de la pieza aún estaba cargado de un vapor espeso y caliente que se disipaba lentamente en la penumbra. Llevaba el cabello oscuro y húmedo, con algunas gotas rebeldes resbalando por sus sienes, la camisa blanca apenas desabotonada en el cuello y el peso de un agotamiento brutal, casi inhumano, dibujado en las sutiles sombras bajo sus ojos grises.
Secó distraídamente los restos de agua de su nuca con la toalla mientras avanzaba con paso firme hac