El sonido de la puerta de la habitación de invitados cerrándose dejó el departamento sumido en un silencio mucho más íntimo, denso y cargado de una electricidad que ambos habían intentado ignorar durante toda la tarde.
La televisión seguía encendida en volumen bajo, proyectando sombras titilantes sobre las paredes, mientras las luces cálidas de la sala iluminaban tenuemente el espacio, creando una atmósfera de reclusión perfecta. Y el cojín que Victoria le había lanzado a Daniel seguía atrapad