La tarde se desvaneció lentamente sobre Valemont, cubriendo el departamento con una luz dorada que se filtraba a través de los ventanales mientras una melodía suave, casi imperceptible, flotaba desde algún rincón oculto de la sala. Para sorpresa absoluta de Victoria, convivir con Berenice estaba resultando una experiencia radicalmente distinta a cualquier expectativa. Era demasiado sencillo, incluso sospechosamente fácil, considerando que se trataba de una Figueroa.
Lejos de actuar como una he