El desayuno terminó envuelto en la misma calma frágil, densa y silenciosa que había dominado la mañana entera, como si el tiempo se hubiera ralentizado entre las paredes del departamento.
Daniel permanecía apoyado contra la encimera de mármol de la cocina, sosteniendo la taza de café a medio terminar entre las manos, contemplando el vapor que se disipaba en el aire gris. Mientras tanto, Victoria guardaba algunas cosas distraídamente dentro del refrigerador, acomodando los envases con movimient