El trayecto de regreso transcurrió en un silencio espeso, uno de esos que pesan más que las palabras. Julián conducía con la vista fija en el asfalto, manteniendo una neutralidad profesional absoluta y fingiendo no notar la tensión eléctrica que llenaba el habitáculo.
Victoria observaba las luces de la ciudad pasar como ráfagas borrosas por la ventana. Parecía distante, perdida en sus propios pensamientos, hasta que finalmente su voz rompió la calma con una pregunta directa.
—¿Quién es ella