El automóvil negro se detuvo con una suavidad imperturbable frente a la elegante fachada iluminada del Club Élysée. Las enormes puertas de madera oscura, los ventanales gruesos y teñidos, y las notas de una música apenas perceptible que escapaba desde el interior hacían que el lugar pareciera menos un club nocturno y más un secreto demasiado caro, reservado únicamente para aquellos capaces de pagarlo.
Julián descendió primero del vehículo con su habitual eficiencia y rodeó la carrocería para a