Victoria subía al piso sesenta con el corazón martilleándole las costillas. Estaba a punto de entrar a la oficina de Daniel para enfrentarlo con el mensaje, para exigirle una verdad que la estaba asfixiando, cuando las voces que se filtraban por la puerta entreabierta la obligaron a detenerse.
—Consideraré cualquier opción —escuchó decir a Daniel, con esa frialdad pragmática que lo caracterizaba.
Victoria retrocedió como si hubiera recibido un golpe físico. El aire desapareció de sus pulmon