Victoria descendió nuevamente las escaleras, envuelta por la neblina de las luces doradas y el murmullo elegante que flotaba en el ambiente del club. Pero esta vez, ya no parecía una visitante perdida tratando de mimetizarse con las sombras.
La seda negra abrazaba con suavidad cada movimiento de su cuerpo, fluyendo con una cadencia hipnótica, mientras las medias estilizadas y la máscara oscura transformaban por completo la imagen pulcra, impecable y reservada de la señora Meléndez. Era una met