Las siguientes dos noches fueron exactamente iguales. La misma rutina perversa que destruía cualquier intento de paz. Un zumbido vibrando en la madrugada, un número desconocido en la pantalla y una nueva fotografía que actuaba como un golpe directo al estómago.
Daniel aparecía acompañado nuevamente por una mujer distinta cada vez. En una de las imágenes, estaba sentado en la penumbra de un reservado privado mientras una rubia despampanante reía demasiado cerca de su rostro, buscando una compl