El restaurante era un santuario de mármol y terciopelo donde el prestigio se servía en bandejas de plata. Las luces cálidas suavizaban las facciones de los comensales, creando una atmósfera de seguridad artificial.
Daniel Meléndez avanzaba con la elegancia heredada de su estirpe, flanqueado por su madre, Mónica Meléndez, y Sol Arnaud. Mónica era la personificación del orden; cada movimiento suyo estaba coreografiado para proyectar una fuerza imperturbable. Todo estaba bajo control, hasta que