La noche siguiente se precipitó sobre Valemont con una urgencia eléctrica. Victoria cruzó el umbral de la casa de Carlos, sintiendo el aire frío de la calle como un aviso.
Carlos se apoyó en el marco de la puerta, observándola con esa mezcla de lealtad y sospecha que no lograba disimular.
—Llámame si necesitas algo —dijo él, su voz cargada de una protección que empezaba a estorbarle.
Victoria asintió, regalándole una media sonrisa ensayada.
—Lo haré.
Era una mentira necesaria. No lo l