La ciudad de Valemont era un animal frío que solo reconocía el rastro del dinero y la influencia. Para Victoria, caminar por sus calles esa tarde fue como atravesar un territorio que de pronto hablaba un idioma que ella ya no dominaba.
Entró a oficinas donde antes la recibían con café y reverencias; salió de ellas con el eco de respuestas cortas, educadas y vacías. Su apellido, que durante años fue una llave maestra, se había convertido en un candado. La mancha del video, la muerte de Gael y